Profr. José Mario Elizondo MontalvoEste es el fondo.

En cuanto a la forma, yo nunca había sentido ni admirado, sino en algunos pasajes bíblicos, tanta belleza, como es la que encierran las páginas de este libro.

No hay en ellas una palabra que les sobre, así como nada hay que les falte.

Los pensamientos todos están expuestos (y con el summum de la naturalidad) de tal manera, que al penetrar hasta el fondo del alma, quedan en él grabados imborrablemente.

Y a esta precisión, a esta energía, a esta naturalidad, se aduna la elevación del estilo en armonía perfecta con la de los pensamientos; armonía tanto más admirable cuanto que raras son las palabras y las expresiones que no puedan ser entendidas, no diré por los grandes, sino por los pequeños.

José: perdona que a mi espíritu que empieza ya a entrar en la penumbra, se le haya ocurrido decirte algo acerca de tu libro, ¿qué cosa digna de él puede hallarse en lo que sin orden, y tal vez hasta sin sentido, estoy acabando de escribirte?.

Perdóname, en cambio de la justa satisfacción que has de sentir al saber que tu viejo maestro es capaz todavía de comprender y de sentir toda la grandeza que encierran las páginas de tu libro.

Tus hijitos no desdeñarán leer esta carta cuando sean grandes. Al dedicártela a ti, la dedico también a ellos. Dios te los bendiga.

Tu maestro,

Serafín Peña.