Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal

Eran los primeros días del mes de septiembre del año de 1964, cuando una turba de jóvenes, en número de setenta ingresamos a la Escuela Normal “Pablo Livas”; las ilusiones por vernos hechos profesores eran muchas, a la vocación también se reunía la esperanza, si la esperanza de poder pronto trabajar y aliviar la menguada economía familiar.

Los profesores Víctor Alejandro Méndez, Elva Solís de Pérez, Arturo Solís,  Abiel Homero Mascareñas Valadez, Dante Perrone, Orlando Tijerina, Rosa Norma Morton, Ramiro Muñoz, Benito López Valadez y Gilberto Guzmán Santana entre otros, nos recibieron aquel año y nos mostraron el camino a seguir; al poco tiempo algunos compañeros abandonaron el barco, otros cambiaron de residencia, sin embargo el núcleo fuerte de la generación 1964-67 siguió con el estandarte del normalismo muy en alto.

Guardamos recuerdos muy especiales de aquellas clases, del sinnúmero de actividades que hacíamos bajo la sabia, paciente y muy prudente guía de nuestros mentores, entre ellos el MAESTRO Abiel Homero Mascareñas Valadez, hombre ejemplar, íntegro, educador en toda la extensión de la palabra, con una vocación magisterial a toda prueba; es indudable que fue una de las personas que dejó profunda e indeleble huella en sus discípulos.

Qué hermosa manera de enseñarnos Paidología y de hacernos entender la pesada clase de Lógica; hiperactivo, formó un coro con nuestro grupo y nos puso a cantar el “Alma Mater” himno que compuso a la Normal “Pablo Livas” y que sin menosprecio del primer himno, éste encierra todas las virtudes y cualidades de la institución, ¡Es un canto a la Escuela!

Luego en los avatares de la práctica normalista, fue quien nos guió en los caminos y secretos para ser un buen maestro desde la dirección de la Escuela Primaria “Manuel M García”, ¡Qué actividad! ¡Qué visión! revolucionó los viejos “colegios”, era un tornado, pero en lugar de destruir, construía de manera positiva.

Las actividades cívicas no le eran ajenas y al cumplirse el centenario de la caída del imperio de Maximiliano, le sugerí la instalación de una placa en la barda de la esquina en el cruce de las calles de Escobedo y Porfirio Díaz, dos de los grandes héroes en las luchas contra los franceses; de inmediato aceptó la propuesta y se hizo la petición al ayuntamiento sabinense y desde el 15 de mayo de 1967, se encuentra instalada dicha placa conmemorativa.

Del Maestro Abiel podemos escribir tantas cosas, además de su labor magisterial, como empresario, padre de familia, músico, declamador, artista, cantante, ameno platicador, de su orgullo por el barrio de El Aguacate, de las bohemias en el Club 333 de Chago Morales allá en Monterrey, de su gran calidad humana, en fin, un gran hombre, uno de nuestros adalides, uno de los grandes personajes sabinenses.