Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño VillarrealUno de los lugares con mayor presencia en la mente de los sabinenses, es sin duda, La Ermita, construcción edificada en 1941, y que es punto de referencia en las pláticas de nuestros paisanos.

¿Quién no ha subido a La Ermita? Si cuando se tenía que sortear el camino o vereda para su ascenso, siempre tenía sus fieles visitantes y eso que el camino era malo, te resbalabas continuamente con las piedras sueltas; tal suplicio acabó hace más de treinta años cuando se le hicieron escalones de concreto.

Cuanta devoción de la gente de mi pueblo en el ceremonial de Semana Santa; aquello es una verdadera romería. Las señoras rezan y cantan con profunda fe religiosa, los hombres observan, algunos también cantan y oran, la chiquillería hace alarde de agilidad y dinamismo subiendo y bajando con inusitada frecuencia; de vez en cuando se escucha el grito ¡apacígüense güercos! no ven que interrumpen al padrecito.

En esos días santos, alguna mano piadosa levanta la basura, las odiosas bolsas de plástico, vasos de hielo seco, popotes, latas de cerveza y hasta pañales; deshechos malditos, por contaminantes de nuestra civilización actual, que ensucian este paraje y lo han convertido en un muladar cotidiano.

El pequeño edificio habilitado como capilla fue construido con bloques de piedra, pegados con lodo, pero ya resiente el peso de los años y el embate de las hordas juveniles que lo destrozan y pintarrajean sin piedad; su puerta de fea lámina,  a veces permanece abierta o sin candado y los vándalos rayan las paredes con leyendas recordatorias de su estancia, promesas de amor, casi siempre fugaz y no pocos lo utilizan para regir y mingir.

Ante el avance de Sabinas Hidalgo en todos los órdenes de la vida, tal parece que La Ermita se nos ha olvidado, todos sabemos de ella, pero nadie hacemos algo por mejorar su aspecto.

Hoy, sirve para que jóvenes atletas y adultos –hombres y mujeres- hagan ejercicio, suben, bajan, suben, bajan... pero hacen mutis ante el abandono y dejadez que prevalecen en La Ermita y quien repara en ello, espeta con indignación: ¡el alcalde debería poner más cuidado! otros lanzan imprecaciones contra los sacerdotes de la localidad, pero, nadie dice vamos a darle otra imagen.

Urge una campaña a favor de este inmueble distintivo de Sabinas; ayuntamiento, iglesia, ferreteras, empresas de materiales de construcción, albañiles, comerciantes, amas de casa, en fin, todos los sabinenses debemos poner de nuestra parte, para conservar el edificio, e incluso propongo construir una nueva capilla, bella, grande, que sea un orgullo para Sabinas.

Independientemente de las creencias religiosas de cada persona, La Ermita es uno de los símbolos que distinguen a nuestro Sabinas Hidalgo, debemos luchar por constituirla en un atractivo turístico más: a la gente le gusta subir cerros, aprovechemos esta situación y contribuyamos a engrandecer  el orgullo de ser sabinenses.