Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal

Fuente vital para el establecimiento y desarrollo de Sabinas Hidalgo, ha sido y es el manantial del Ojo de Agua; la historia del pueblo esta íntimamente ligada a este bello lugar.

Poetas, historiadores y cronistas han escrito frases de elogio sobre este edénico rincón, basta recordar que pocos lugares turísticos tienen una monografía propia y el Ojo de Agua, dio título al magnífico libro de Celso Garza Guajardo dado a la estampa en 1981, el cual merece una urgente reimpresión.

Caían las últimas hojas del calendario que marcaba el final de aquel mes de diciembre de 1858, cuando el Gobernador del Estado, Don Santiago Vidaurri, hizo una visita a Sabinas.

Después de atender asuntos varios sobre política local y regional con sus correligionarios, amén de observar la buena marcha de la administración municipal, conmina a sus anfitriones que lo lleven al Ojo de Agua, que tan gratos recuerdos le traía, pues lo visitó en sus andanzas juveniles.

Al instante, como por arte de magia, se formalizó una caravana, lógicamente encabezada por tan importante personaje y el más fiel vidaurrista sabinense el alcalde José María Ancira y Amaya; no faltaron los colados y oportunistas, presentes siempre en estas ocasiones, unos con el afán de no perderse la suculenta comida, otros con la intención de afilar bien la navaja y “barbear” al mandatario en busca de algún “hueso” con que paliar su hambre política: en fin, las debilidades humanas no son exclusivas de otros pueblos.

Vidaurri contempló con satisfacción el caudal que manaba de aquel prodigio de la naturaleza, aunque el escenario no era propicio, pues el crudo invierno había hecho estragos en los diversos árboles del lugar, pero lo que vio después lo impresionó fuertemente.

La reacción del hombre fuerte del noreste fue de asombro y disgusto al ver el descuido y abandono del paraje.