Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal

Vidaurri recorrió palmo a palmo del Ojo de Agua, notándose en su cara un cambio brusco y repentino, su enojo ante el abandono del lugar tornó tensa la reunión; ni la opípara comida, ni las desmedidas atenciones del munícipe, lograron cambiar su adusto gesto.

En fin, las autoridades salieron del paso y la rutina volvió a su cauce, pero el 13 de enero de 1859, se recibió una misiva del gobernante con especto al paraje: “El Excelentísimo Señor Gobernador ha tenido la satisfacción de ver y contemplar el Ojo de Agua de esa Villa y ha advertido con sentimiento el abandono en que se encuentra esa fuente de riqueza; y siendo de su deber cuidar de que en el Estado se aumenten los medios de producción, o a lo menos que no se disminuyan, como sucedería con el transcurso del tiempo con el expresado Ojo de Agua si continuara en el abandono en que está.

Se ha servido disponer, para evitar ese mal que en todo el mes de febrero próximo quede cercado dicho ojo de agua, con una cerca de piedra de dos varas de altura y tres cuartas de espesor; cercándose no sólo el manantial sino el canal que forma hasta donde desemboca en el río.

Con esta medida atiende el señor Gobernador, no sólo al bienestar público, sino también al particular de los accionistas de esa agua y por lo mismo no duda que procederá usted en el cumplimiento en esta disposición con el celo y actividad que demanda la común utilidad.

Además desea que planten en ese manantial, después de limpiarlo, una arboleda de sauces, aguacates y aún naranjos para hacer más ameno ese lugar de recreo de las familias de esta Villa”.  La carta la firmó Manuel García Rejón, Secretario General de Gobierno de Vidaurri.

Al leer las líneas anteriores, es justo reconocer la noble preocupación, alcances y visión de aquél gobernante que a pesar de su yerro político final, ocupa un lugar especial en la historia de Nuevo León y nos lleva a meditar sobre el futuro del Ojo de Agua, que cada vez más se ve avasallado ante el avance inclemente y bárbaro de una urbanización que lo devora y arrincona.

Espléndido y generoso al proporcionar el vital líquido,  el Ojo de Agua es un patrimonio histórico, natural y turístico de nuestro pueblo, por lo que todos debemos tomar conciencia de la importancia de nuestra fuente nutricia; siempre serán bienvenidas todas las acciones tendientes a proteger y mejorar a este bello lugar, así como La Turbina y el Charco del Lobo.