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Categoría: Historias de Sabinas
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Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal

Gran conmoción despertó entre los habitantes de Sabinas Hidalgo y de toda la región, la noticia dada por el periódico El Porvenir el día 22 de noviembre de 1936, en la que el Dr. Ignacio García hizo un relato fantástico del descubrimiento de una mina abandonada, llena con tejos de oro, dejados allí probablemente por los revolucionarios.

García se interesó en el asunto cuando uno de sus trabajadores le entregó un pedazo del metal amarillo, por lo que realizó una expedición hacia ese lugar, con el propósito de investigar y de ser cierto, reclamar aquel fabuloso tesorero.

La expedición llevada a cabo por el Dr. Ignacio García y sus amigos, en busca de una mina de procedencia antiquísima, fue denunciada por un nativo de la región de Mamulique,  el señor García y sus acompañantes regresaron anteayer, después de llevar a cabo una inspección.

Efectivamente en el extremo norte de la Cuesta sobre la serranía, como a unos veinticinco kilómetros de la carretera, se encuentra una mina abandonada, y la que fue señalada por la persona que los acompañaba como la misma donde encontró el tejo de oro puro que entregó al señor García.

Una vez en el interior de la mina, vieron una galería hecha por la mano del hombre, como de cincuenta metros de profundidad, y luego una “abra” que el tiempo se encargó de perforar en la roca.

Venciendo algunas dificultades hicieron el descenso al túnel o gruta, provistos de lámparas eléctricas y mechones, ofreciéndose a su vista algo fantástico. Del interior salían irradiaciones a la vez que se escuchaba un extraño ruido. El guía indicó que nada se tomara del piso, no obstante que en el interior había muchos pedazos de metal, semejantes al que éste había entregado al señor García. Sobre tejos de metal amarillo se caminaba dentro de la galería.

A pesar de la prevención del guía, uno de los acompañantes tomó un pedazo de metal que le pareció oro puro y en ese momento, fuerte viento se dejó sentir, apagándose los mechones, y aunque trataron de salir rápidamente, no encontraban la puerta. El dirigente de la expedición dijo al compañero que dejara el tejo que había tomado y hecho esto, pudieron salir, cesando el viento y apagándose los ruidos.

Imaginación desmedida, cansancio, tomaron o bebieron algo extraño que los hizo alucinar, la respuesta nunca se supo, la intriga dio paso a las habladurías y a los relatos fantásticos que motivaron a los aventureros y ambiciosos a realizar varios viajes al lugar, regresando con el fracaso a cuestas. ¿Existe tal lugar? Claro que existe. ¿Estarán los tejos de oro en espera de un futuro dueño? Tal vez, ¿Usted se arriesgaría?