Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal

El 11 de abril de 1818, el alcalde Don José Mateo Flores, avisó al Gobernador que a las nueve horas, los indios en número de 15, quitaron la vida a cuatro individuos en el sitio denominado La Coma, distante tres leguas de Sabinas y cerca del mediodía, le salieron en igual número a un individuo de la Iguana que escapó y otros “bárbaros” atacaron los ranchos de Carboneras y Aguafría.

Las incursiones de comanches y apaches continuaron y el 6 de junio de 1820, se reportó que una partida de 50 comanches atacó la población, pereciendo tres mujeres y dos niñas, llevándose cautivos a una mujer, madres de las dos niñas y otras dos hijas, más otras tres niñas y un niño, que sus madres desampararon por traer agua que estaba muy distante del Real, debido al pleito de aguas entre la Hacienda de San José y las de Don Agustín Larralde y Don Francisco Ancira.

El litigio entre hacendados, motivó que el vecindario se quedara sin agua, teniendo que ir a traerla a un lugar distante “500 varas o más”.

El 21 de octubre de ese año se informó del ataque de los indios comanches, que dieron muerte a un soldado de apellido Garza de la guarnición en las minas del Real San Carlos de Vallecillo, salió rápidamente el Teniente Juan Ángel de Ibarra a su persecución, encontrándose a un correo de Don Andrés de Mendiola que lo llamó a reunión para perseguirlos ya que se hallaban arranchados en el Puerto del Guajolote.

El 9 de noviembre de 1820, se recibió un parte del Real de San Carlos de Vallecillo, donde se informa que los indios atacaron y dieron muerte a los pastores de Don Borjas García, el día 8 a la una de la mañana.

Todo un gran listado se puede hacer de las acometidas de los indios en la región: el despojo de los territorios que desde tiempos inmemoriales les pertenecían, los obligó a convertirse en fieros e indómitos guerreros.

Las correrías de los comanches y de los lipanes y mezcaleros -parcialidades de los apaches-, continuaron todo el siglo XIX, después de ser casi exterminados, a los que quedaron los recluyeron en las reservaciones, consumándose uno de los mayores genocidios en la historia de la humanidad.