Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño VillarrealEran los últimos años de la década de los cincuenta del siglo pasado, estaba en sexto año de la Escuela Primaria anexa a la Normal en el Centro Escolar José S. Vivanco, edificio donde confluían la Normal, la Secundaria Antonio Solís y la primaria Anexa, nos llamó en grado sumo la atención el hecho de que algunos de los muchachos estudiantes de secundaria, iban a las aulas peinados con tremendo copete y hasta se atrevían a llevar chamarras de piel color negro con una calavera en la parte posterior.

Se reunían en corrillos de cinco o seis, en el exterior de la escuela y platicaban de motocicletas, de cadenas, de pandillas, fumaban cigarros y otras prácticas como correr a toda velocidad en las motos y envaselinarse el pelo; así mostraban su rebeldía ante los adultos.

Hacer lo anterior en un pueblo como Sabinas Hidalgo y en esa época, no era fácil ni sencillo, se tenía la oposición de los padres que con mano férrea, dura, aplicaban los correctivos necesarios.

Sin embargo en Sabinas hubo un grupo de muchachos que siguieron la onda de los “Rebeldes sin Causa”, quienes eran descritos como jóvenes con copete enhiesto, figura desmedrada, un tanto escurridiza, musculatura escasa, salvo algunas excepciones, camisas con mangas sin abrochar, remangadas hasta los codos, pantalones vaqueros ajustados a la pierna y muy estrechos en los tobillos, una medalla religiosa ornaba el pecho y una esclava de oro o plata completaba el atuendo, al que en ocasiones se añadía una cadena de bicicleta o de otro tipo, sobre todo, cuando había que enfrentar a otra pandilla.

A diferencia de las grandes ciudades donde también los muchachos de bajos  recursos económicos formaron parte de los “rebeldes sin causa” en Sabinas lo fueron jóvenes de la clase media para arriba. La denominación de “Rebeldes sin Causa” surgió de la película de igual nombre protagonizada por James Dean, la cual tuvo muchos imitadores juveniles en todo el mundo.

En Sabinas, la escuela secundaria fue un valladar que se interpuso en el accionar de dichos jóvenes; la disciplina impuesta por los maestros y sobre todo por el director Prof. Daniel Guadiana Ibarra con prontos reportes y llamados a los padres de familia no permitió que cundiera dicha explosión juvenil y si mal no recuerdo hasta hubo uno que otro expulsado.

El surgimiento de la rebelión juvenil de la década de los sesenta, absorbió a los “Rebeldes sin Causa” y la inquietud tomó otros derroteros que se manifestaron en la música, pintura, poesía, moda, en fin, en la irrupción de los jóvenes como parte pensante y actuante de la sociedad; el mundo en blanco y negro de los adultos dio paso a la policromía de la muchachada.

¿Recuerda usted, estimado lector, alguno de aquellos Rebeldes sin Causa sabinenses de apellidos Morales o Villarreal? Eran otros tiempos...