Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño VillarrealOriundo del más tradicional barrio de Sabinas Hidalgo, N .L., el barrio del Aguacate, donde nació en 1931; a los diecisiete años se afilió al Partido Comunista, precisamente en 1948, donde inició su formación y conformación ideológica basada en los principios y leyes establecidas por Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir llich Lenin.

Sin embargo, asienta un reportaje de El Diario de Monterrey del lunes 25 de marzo de 1985, sección Metrópoli Pág. 2, “dentro del Partido Comunista surgen conflictos, donde es acusado de malversación de fondos, lo que provocó su expulsión inmediata”, ahí mismo Máximo acota: he dicho que si el Partido Comunista hubiera sido el gobernante, en ese momento me hubieran fusilado y seguramente en el barrio de “El Aguacate”, donde yo nací, una calle llevaría mi nombre, era la época del culto a Stalin, una época autoritaria y poco flexible”. En diversas pláticas sostenidas con él, Máximo hacía mofa de dichas acusaciones, riéndose a carcajada batiente, imputaciones de las que por cierto salió bien librado.

Retornó a dicho Partido en 1962 y es expulsado nuevamente en 1972, por discordar con los miembros del Partido Comunista, dice Máximo: “yo mantenía mis puntos de vista, jamás fui agachado, peleaba por lo que consideraba correcto”.

Se reincorpora a la actividad partidaria en 1976, trabajó en la Preparatoria No .3 y llega a ser el director de la misma; surgen una serie de acusaciones y sale expulsado de la Universidad Autónoma de Nuevo León y del mismo Partido Comunista, ante el “reordenamiento político martínezdominguista-piñeriano”.

En 1985, lanzó su candidatura a la gubernatura del Estado avalado por el Partido Socialista de los Trabajadores, dando la pelea, según su propio comentario, kilo por kilo –en ese tiempo pesaba 120 kilos- y a la pregunta de ¿cómo sería usted como gobernador?, respondió haciendo gala de filosofía netamente sabinense: “un gobernador al que el pueblo le sacaría todo lo que quisiera, sería muy querendón y tendría que poner una oficina para poder controlar mis promesas, mi trato sería muy abierto con la gente”.

Sobre su título de médico, el reportaje aludido asienta: “fue sólo por accidente y por compromiso familiar, ya que esa no era su verdadera vocación, durante un tiempo se vio en la necesidad de suspender sus estudios por seguir en la lucha del izquierdismo”.

Su libro más comentado fue: “Monterrey, un vistazo a sus entrañas”, que despertó polémica por el señalamiento radiográfico del Grupo Monterrey y el cuestionamiento político de la procedencia y origen del gobernador Lic. Eduardo A. Elizondo.

La réplica más dura contra “Monterrey, un vistazo a sus entrañas”, y a su autor, la lanzó nuestro querido cronista centenario don José P. Saldaña como vocero del Centro Patronal en su libro Grandeza de Monterrey y Estampas Antiguas de la Ciudad –Empresas Editoriales, S.A. México, D.F. junio de 1973. pp. 259 y 260-; entre otras cosas, don Pepe dice: “No se puede juzgar lo que no se comprende por perjuicios que nublan el entendimiento”.

Filípicas como éstas provocaron la aparición del libro de Máximo de León en mayo de 1968, amén de otras reacciones por parte de la burguesía regiomontana no impuesta a ser señalada como la causante de muchos de los males del pueblo.

Máximo de León se empapó de la teoría marxista, de la cual ahora muchos reniegan, después del estrepitoso derrumbe del socialismo, no por falta de sustento filosófico, sino por su mala aplicación.

Máximo de León Garza ya no está con nosotros, se fue el prolífico autor sabinense; extrañamos sus juicios sobre el ser y quehacer de la Universidad, sus críticas a los gobiernos establecidos, sus pláticas donde trataba de dar línea política y las incursiones a los restaurantes locales donde, junto con Celso y su hermano Rodolfo componíamos el mundo, arreglábamos la política estatal y nacional, además de tener siempre presente al terruño que nos vio nacer: Sabinas Hidalgo, Nuevo León.