Ernesto Luther Chapa RuizLa primera estrella

Carta para Morena

Ernesto Luther Chapa RuizEn el año de 1900, en un pequeño pueblo de Cerros Altos, situado a orillas de una gran cordillera vive Aníbal. Es el menor de siete hermanos e hijo de don Pedro, un hombre trabajador y bueno que a pesar de sus setenta y tantos años sigue laborando en la construcción de casas, y doña Juanita, que ha dedicado su vida al cuidado de sus hijos y atendiendo fielmente a su marido.

Ernesto Luther Chapa RuizEl tiempo no puede ser el mismo para todos, pasa tan rápido o lento dependiendo del espacio y la vida de cada cosa. En lo alto de una montaña, en un tiempo muy remoto para nosotros, erguida como un enorme monumento una gran roca ve pasar la vida: su vida, que a pesar de los vientos y las lluvias apenas han podido pulir su estructura y embellecer su forma. La roca se ríe de los árboles y los animales que nacen y mueren tan rápido y que requieren reproducirse para continuar existiendo; y es que para la roca las décadas pasan como segundos y, sin embargo, el implacable tiempo parece no importarle mucho pues se siente como un símbolo de eternidad.

Ernesto Luther Chapa RuizEn una vieja casona, con ventanales largos con forja y una pesada puerta labrada en madera, pintada y repintada por los más de cien años de existencia y permanente uso, vive una solitaria anciana, cuya única compañía son las flores y plantas de su patio y su media docena de pájaros multicolores y cantores que la arrullan en sus imperdonables siestas vespertinas en las que sueña y recuerda sus más de 80 años de vida y a sus hijos, que cada día ve menos; también recuerda siempre a su amado esposo que un día se durmió para no despertar jamás. La casona está localizada en el centro de una gran ciudad y es como una isla entre los grandes y modernos edificios de acero, cristal y concreto que la rodean, y los camiones urbanos que continuamente pasan enfrente tiñendo de negro las altas paredes de adobe de esa vieja casona.

Ernesto Luther Chapa RuizHace muchos, pero muchos años, cuando el hombre aún no habitaba la tierra y el mundo era controlado por los animales silvestres, en un bosque frondoso vivía una comunidad de criaturas que convivían muy felices y en armonía. Conejos, mapaches, tortugas, ranas y demás animalitos, todas las noches de luna llena se reunían para cantar y bailar alrededor de una gran fogata.